Estos últimos meses he tenido la fortuna de conocer personas maravillosas que han hecho aportaciones sumamente positivas a mi vida, una de ellas es mi amiga Roxana Castaños (guía espiritual y maestra de meditación). Después de tomar un curso con ella, he adquirido varios aprendizajes que me han servido mucho, como esta frase "a lo que pones atención le das poder", que es de las que más me han fascinado y funcionado.

Las personas podemos distraernos con cualquier cosa (televisión, redes sociales, chismes, etcétera). Como nuestra mente es un mar de ideas sin final, aprender a ponerle atención a lo que nos ayuda a estar más tranquilos, positivos y a ser felices sería un gran logro, ¿no crees?

Así es. ¿Pero cómo lo conseguiríamos? No es tan complicado, solo tenemos que hacer unos simples cambios:

Por ejemplo, en nuestra vida solemos ser sumamente juzgados por "amigos", colegas, o cualquiera que no nos vea con los mejores ojos. Gente que se expresa mal de nosotros por nuestro físico, decisiones, etcétera. ¿Y para qué nos preocupamos por eso, por lo que haga o diga la gente? Ya sueno como una canción, ja, ja, ja, pero es tan cierto… Ocupémonos en nosotros, en lo que queremos lograr, en transformarnos para ser felices; o si así lo somos, en disfrutarnos. ¿Para qué hacer más grande una idea ajena y negativa?

Cuando alguien hace una crítica o comentario negativo se está proyectando a sí mismo; al hacerlo habla de sus carencias o necesidades, así que nosotros no debemos darle nuestra energía a eso que no vale la pena y en cambio sí a nuestros sueños y metas.

Piensa en tu meta (el cuerpo que quieres, tener salud, un trabajo, pareja, armonía); se vale de todo. Deséala con todas tus fuerzas y cada día trabaja para que la hagas realidad. Luego te pido de favor que compartas con nosotras cómo te fue en esta experiencia.

A partir de ahora ya sabemos: hay que dar energía a lo que nos importa, nos interese y nos haga crecer.

Los invito a que lean y sigan a mi amiga Roxana para que sea su guía en este camino a la felicidad.

 

Gracias por leerme,

Sara