¿Te has preguntado si todos los obsequios que das lo haces pensando realmente en la persona; en sus gustos, intereses o en el amor que le tienes? Si reflexionamos un momento en ello, tal vez nos demos cuenta que hay regalos más importantes que los materiales, tales como pasar tiempo juntos, vivir una experiencia profunda,  compartir una comida o hacer algo creado por ti. Sin duda hay presentes que son más valioso por el tiempo y dedicación que te tomó elaborarlo.

En estas celebraciones, además de dar algo si así lo deseas, lo más importante es que compartas generosamente algo desde tu interior.

Regala afecto y cariño pero sobre todas las cosas regala sinceridad, que el acto de brindar algo no sea para ti un compromiso sino una acción desinteresada y dichosa.

Regala teniendo en cuenta a la persona: cómo es, cómo siente y con qué cosas se emociona. Hay regalos que verdaderamente son insuperables: son los mejores, duraderos y significativos como dar amor, comprensión, ser cada día mejor persona y un buen ejemplo para los demás.

Si quieres hacer una compra, asegúrate de que sea útil, que no afecte tu economía, que responda a los gustos de la persona y dale un toque especial envolviéndolo tú. Si tienes un niño cercano, o si recuerdas cuando tú fuiste uno, seguramente te acordarás que hacías obsequios (cartas, dibujos, una manualidad) y que los dabas con mucho amor, aunque fueran sencillos. ¿Por qué no recuperar la sabiduría de la infancia?

Confecciona el presente con tus propias manos o adjunta una tarjeta o detalle hecho por ti que represente lo importante que es la persona para ti, visualízala con amor y desde antes de que llegue algo a sus manos, habrá llegado tu intención a su corazón.

En esta época que marca un fin de ciclo es también un llamado a revalorar quiénes somos, qué podemos cambiar,  a quiénes amamos y cómo se los demostramos, más allá de comprarles algo.

Regalar es mucho más que lo material, es una experiencia espiritual.